viernes, 11 de septiembre de 2015

Mi crítica de cine: El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (1989)

El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante es una película dirigida por Peter Greenaway en 1989 y protagonizada por Michael Gambon (cocinero), Richard Bohringer (ladrón), Helen Mirren (esposa) y Alan Howard (amante). También participa Tim Roth en un rol secundario.

La historia gira en torno a Albert, un mafioso amante de la comida que acostumbra a visitar el restaurante Le Hollandis, dirigido por Richard, el cocinero, siempre en compañía de su esposa Georgina y su banda de ladrones. Juntos disfrutan de los más deliciosos manjares preparados por el cocinero a lo largo de la semana. Esta cotidianidad se resquebrajará cuando Georgina note la presencia de Michel, un asiduo lector quien se convertirá en el amante. A partir de este instante, las cenas en el Le Hollandis no solo serán aprovechadas por el mafioso Albert y su placer por disfrutar los potajes, sino también por su esposa, quien tomará cada descuido de su marido para escapar con Michael y disfrutar de los placeres carnales.

Llegué a esta película por encontrarla en diversas listas de las películas más impactantes o inquietantes. Luego de verla puedo decir que nada se aleja de estas categorías con esta pela. Un lindo guión, unas actuaciones magistrales, sobre todo por Richard Bohringer que se hace querer a pesar de presentarse como el chico malo, la historia de amor entre Georgy y Michael. Esta película es hermosa a su modo. Se debe llegar a ella por eso, no por otros elementos narrativos utilizados en esta película y que no son el todo.

Debo destacar como la película se desarrolla en su primera hora en solo 4 escenarios, siendo estos suficientes para retratar la historia. Los planos corridos se hacen impecables teniendo estos escenarios conectados. El uso de los colores en los ambientes y en la vestimenta también le da un brillo especial a este film; se darán cuenta sin tomarle atención: los colores cambian según los escenarios en lo que transitan los personajes.

Para terminar, seguro leerán mucho sobre cierta escena en la película. Pues es muy sobrevalorada a mi punto de vista. Creo que si vemos a este film como un todo, es mucho más impactante que solo el final. A disfrutar.

7/10.

lunes, 24 de agosto de 2015

Mi crítica de cine: 8MM (1999)

Uno de los pocos títulos que tiene en su trama central el tema "snuff". 8MM relata la historia de Thomas Welles (Nicolas Cage), un detective privado que es convocado por una viuda para investigar acerca de un inquietante video encontrado en la caja fuerte de su difunto marido. La grabación, snuff en toda regla, muestra a una muchacha siendo violentada por un tipo encapuchado hasta morir. Well realizará toda una investigación, en compañia de chico punk llamado Max California (Joaquin Phoenix) hasta dar con el paradero de todos los que participaron en esta siniestra grabación.

El punto o tema central que me llevó a visitar este film fue mi curiosidad sobre las películas snuff. En 8MM se refleja muy bien la información que existe en la red y en el conocimiento mundano sobre la existencia de éstas. Primero, señala que las películas snuff son "mitos urbanos". Pues, es cierto que no se ha llegado a un consenso sobre si las películas snuff existen realmento o no; si son piezas violentas grabadas sin ánimos de lucro, solo por placer, para luego comercializarlas debido a su valor grotesco, cruel, gore, etc.; con acceso solo a personas con mucho dinero o para quienes tengan la valentía de sumergirse en el submundo de conocimientos oscuros.

El segundo punto a tratar es justamente los espacios en donde distribuye este material, no solo películas snuff, sino también otras perversiones, que no son el tema central de 8MM, pero que se pueden relacionar con otro tipo de grabaciones ilegales que se comercializan en la red. ¿Existirá un mercado oculto, irreconocible para los ojos normales, donde se pueda conseguir estos materiales de manera física? Es algo que plantea 8MM, pues si en la red podemos encontrar este tipo de vejaciones no es difícil imaginar lo mismo en el mundo real.

Considero pues que 8MM es una película que interesa a aquellos que quieran conocer, saber, investigar acerca de las películas snuff y todo los mitos fabricados alrededor de ello. Otras películas que han retratado bien el tema de lo snuff (películas que he visto), son Tesis (1996) de Alejandro Amenábar y Hardcore (1979) de Paul Schrader. Mejores, con un ambiente propicio para hablar sobre este tema en particular.

Sobre la película en sí tengo poco que decir. Considero que para tratar un tema como los videos snuff, Hollywood no tiene las agallas para representarlo como se debe. Vamos, el snuff debe (¿o es?) lo más inquietante en lo que a registro visual se refiere, tiene que ser entonces una película inquietante. En cambio nos dan a un vengador, un justiciero que deja impune la muerte de la pequeña inocente, protagonista principal de este video políticamente incorrecto. Eso sí, Nicolas Cage hace una actuación horrible. 

Destaco las escenas finales, el grito desesperado del protagonista por salvarse de sus últimos actos cometidos. Vengar la muerte cruel de una inocente no debería ser motivo para desequilibrar a un hombre. Ese es el mensaje que nos da al final la película. Cage parece desmoronarse por inmiscuirse en una serie de asesinatos más que por descubrir un submundo alternativo desagradable e inhumano. Justamente a la mitad del film. un colaborativo Max California le dice a Welles que no parece sentirse asqueado por lo que ve. Cage solo se queda callado.

¿Es que acaso la violencia del día a día es más inquietante que la violencia subrepticia? 

4/10




viernes, 3 de abril de 2015

Día 4

Ale fue tomando la riendas la cofradía. Desde que comenzamos a salir se fue interesando poco a poco en esas nimiedades que nos había interesado a Rodríguez y a mí al inicio de nuestras salidas. La primera vez que conocí la casa de Ale ya había comenzado a coleccionar objetos de peculiar valor (por no decir sin valor) y a organizarlos de tal manera que su sala era un pequeño museo minimalista. La idea me pareció sensata. Su ritual de iniciamiento fue simple, pero significativo.

Por mi parte yo intentaba de buscar nuevo miembros que quisieran unirse a nuestra singular cruzada. Muchos de mis amigos o compañeros de labores no entendían el objetivo de formar parte de este grupo. Algunos se escabullían de mis insensateces, otros me mostraban sus mejores caras de incredulidad. Finalmente, ante el fracaso de la convocatoria, decidí cambiar de discurso. Entre los pocos camaradas que no habían escuchado mi parloteo fútil, insistí en que participaran en un pequeño grupo de tertulias literarias nocturnas.

Amenizadas con alcohol claro.

Era el elemento necesario para generar interés en nuestra empresa. Luego vería la forma de 'voltear la tuerca', como decían tantos cuentistas que busco emular. Esto solo es la 'punta del iceberg' de lo que encontrarían en la cofradía...

Como imaginé, la primera reunión solo fue una conversación para ponernos al día, acabarnos las cervezas que habíamos comprado y ligar con alguna moza interesante que haya asistido. La casa de Ale terminó siendo un salón romano. Casi me lío a golpe con mi compa Gonzalo por estar mirando de manera libidinosa a Ale. Efectos del alcohol y las hormonas, lo sé (yo estuve haciendo lo mismo con esa morena que se apareció a la media noche y que yo no invite).

Bueno, la reunión acabó con final feliz, una amistad grupal en ciernes y nuestros hígados pateados por el alcohol.

A la siguiente reunión regresó la mitad, y a la que continuó solo 3 personas: Manuel, Carla y Jorge.

Pues, empecemos.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Día 3

Así comenzaron mis días con Ale. Salíamos a comer frecuentemente, a beber mucho, a tirar demasiado. Una de esas noches, mientras descansábamos desnudos en un hotel metido entre calles oscuras y desalineadas, me dijo que aquella noche en el bar se había propuesto con Sonia en ligarse a alguien, pasar una noche alocada, desenfrenada y brutal, para luego desaparecer.

Pero fue al revés. Cuando ella se levantó estaba sola en la cama. Sonia y su compañero de esa noche habían desaparecido. Me dijo que estuvo a punto de llorar al sentir su soledad dentro de esas cuatro paredes. Me dijo que salió del hotel a las 8 de la mañana, tomó un taxi y cuando rebuscó en su bolso por la billetera encontró la nota.

A las 8 de la mañana de ese día yo estaba durmiendo. Logré conciliar el sueño después darle muchas vueltas a la cama. Aún tenía en mis recuerdos esa mirada que quemaba, que intentaba meterse en mi mente. De alguna forma lo logró. Cuando ya comenzaba a soñar con la pelea de libros, sonó el celular. Una voz lejana, algo familiar, apareció en el auricular.

- Hola.
- ¿Ale?
- Sí, este... encontré tu número en mi cartera y...
- No quería que te sintieras tan sola ahora. Tenía que irme... -escuché su sollozo tierno.

Le pregunté dónde estaba y a la media hora la encontré en una esquina gris de 9:48 de la mañana. Se había limpiado lo mejor que pudo los ojos llenos de rímel negro que discurrían por las lágrimas. Por primera vez pude verla bien: era menuda, de pelo largo color castaño oscuro, de contextura gruesa y tez clara, ojos pequeños y nariz gruesa. Su rostro formaba un ovalo que combinaba con sus pequeños hombros, pequeñas manos, pequeños dedos. Llevaba el pelo largo hasta los hombres y un cerquillo perfectamente dispuesto le tapaba la frente. 

La llevé a mi piso. Durmió abrazado a mí toda la tarde. 

No supo mi nombre en varias semanas. Luego me dijo que no recordaba mucho lo del bar. Que cuando Rodríguez y yo nos acercamos ya tenían varias cervezas por delante. A la tercera semana descubrió mi nombre y los encuentros fueron más frecuentes y prolongados.

Esa noche en el hotel mientras me contaba y yo recordaba esta historia, me preguntó sobre Rodríguez.

- No lo conocía mucho.

El silencio se hizo denso. Ella lo percibió. También aportó su cuota de largo silencio. Luego de varios minutos viendo el techo agrietado dijo:

- Nos estaban mirando mucho. Él me miraba mucho, tenía algo en la mirada que atraía pero era algo aterrador también.

No supe qué decir. Tras unos segundos en silencio le di la vuelta y la tomé nuevamente.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Día 2

Rodríguez y yo comenzamos a establecer las posibles estrategias que nos permitan meternos entre las piernas de aquellas dos señoritas que se encontraban al otro lado de la barra. Los libros que habíamos llevado para iniciar con la esperada primera reunión de la cofradía habían caído al olvido. Es más, se habían alejado de nosotros para tomarse un par de birras alemanas que estaban muy de moda por esos días en el Quimera. Me sorprendió un poco verlos en éxtasis tras la primera ronda: las palabras parecían salirse de los márgenes y las letras formaban oraciones soeces, prohibidas e incluso intangibles,  salidas de algún religión olvidada, de alguna lejana estrella, tan lejana que su resplandor no llegaba a nuestro cielo oscuro de 2 de la mañana.

Nunca se me ocurrió reflexionar acerca de la personalidad de Rodríguez. Hubiera resultado un tanto aleccionador ponerme a pensar en qué me estaba metiendo al formar la cofradía con un tipo realmente extraño; extraño, primero en el sentido de desconocido, y extraño, segundo, en el mero sentido de raro. Era raro. Cada vez que cruzábamos alguna pista le daba por recitar algún poema de Vallejo y escupía mientras decía el nombre de Benedetti. Cuando se masturbaba pensaba en Borges, me dijo un día, no con ánimo de excitarse –era heterosexual, aunque  a veces tomaba tanto que abandonaba dicha premisa y terminaba construyendo ósculos con algún travesti o cierto amigo gay con el que frecuentaba la mayoría de las veces-; pues pensaba en Borges al masturbarse porque la sensación de orgasmo, me dijo, equivalía a una lectura profunda y reflexiva del ciego argentino. No quise hablar más del tema. Yo me masturbo pensando en Lexi Belle o en Faye Reagan, le dije. Son la mitad de poéticas, pero tienen una buena vista.

Sea cual sea el motivo de sus impulsos extraños, ahí estábamos tratando de conquistar con la mirada a aquellas dos señoritas que nos miraban a penas, cuando se acordaban, cuando la mirada diera de puro soslayo o casualidad hacia el espacio que nos correspondía en el Quimera, esa (o esta) noche. Con dos cervezas –nacionales, nomás- que cada uno se había tomado, ya nos sentíamos con un ímpetu inusitado, sobre todo yo que necesito por lo menos 4 alemanas, de las cervezas digo, no de las extranjeras que andaban por ahí riendo como lo haría Archimboldi; pues, el ímpetu lo teníamos, cuestión aparte es que tratáramos de utilizarlo para caerle a las señoritas que buscaban no sé qué en ese ambiente caldeado de necesidad.

-          - Ya mucho parloteo –dijo Rodríguez. ¿Vamos o no?

-          - ¿Parloteo? En 20 minutos que estamos acá solo nos hemos dedicado a ver las chicas que están allá.
-          - El parloteo de ellas, idiota. Mucho ya se han dedicado a hablar entre ellas. Comenzará la verdadera conversación. Esa cháchara no durará mucho mientras estemos nosotros.

Se levantó con el ímpetu hasta el cuello, cerrado como las incómodas corbatas recién compradas, dio unos pasos y se volvió para verme, Me hizo un gesto con la cabeza para seguirlo. Me costó levantarme. Mi ímpetu lo tenía en las pantorrillas, como grilletes. No me dejaban avanzar, pero lo hice aunque me dolió hasta el orgullo.

Lo que siguió después no lo recuerdo bien. Entre las sonrisas de Ale y Sonia, que nos recibieron con entusiasmo, esperando creo a cualquiera que se les acercara primero. Lo que recuerdo además de las sonrisas son un par de libros volando de un lado para otro, eructando letras por doquier, sobre todo muchas as y muchas ges y muchas aches. El tema es que además de eso, del bar ya no recuerdo más. Mi memoria pareció tomar aliento cuando me agitaba encima de Ale, mientras escuchaba otro gemido que no provenía de su boca, sino que interrumpía como un eco desde cualquiera parte de la habitación, una habitación tan oscura que me excitaba.

Ale no me dejaba. Tenía sus brazos alrededor de mi cuello y sus pies a la altura de mi cara. La apretaba hacia la cama y cada gemido hacia compas con el crujir de la vieja cama. Yo seguía en danzar insostenible, incansable. Concentrado en mis pensamientos noté una ausencia que me observaba. A lado derecha de mi cama, a unos cuantos metros, otra cama rugía con la misma energía. 

En ella, Rodríguez cogía a Sonia por atrás. La joven se mantenía en cuatro como una gacela a punto de atacar a su presa.

Fue ahí que le vi el rostro.

La habitación estaba en una oscuridad casi aterradora cuando le vi la cara, los ojos. Los tenía clavados en los míos, mientras soltaba breves gemidos.

Sus ojos eran un par de fuegos esculpidos que se acercaban. Gimió otra vez. Lo único que pude hacer es volver la mirada hacia Ale, quien se sacudía como un animal. No sé cuánto tardé en correrme pero no me despegué de los senos de Ale hasta que amaneció. Solo en ese instante cogí mis cosas, escribí una nota para Ale –la guardé bien adentro de su cartera para que nadie la encuentre-, le di un beso en los labios apretados por el sueño y me largué.


Aún sentía los ojos de Rodríguez acechándome en la oscuridad.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Día 1

Leí a Bolaño escribir sobre un alemán medianamente conocido que, por azares del destino, logró reunir a 4 especialistas en literatura alemana que, por azares de la casualidad, tenían como principal ídolo a Benno von Archimboldi, autor alemán medianamente conocido del cual escribía Bolaño, el cual leí y por el que me encuentro ahora escribiendo.

Pensé en armar una cofradía de lectores/escritores que siguieran tan fervientemente al chileno, como los especialistas de literatura alemana lo hacían con Archimboldi en dicha novelita de más de 1100 páginas . Sin embargo mis esfuerzos fueron inútiles. Entre foros especializados, grupos de lectura y amigos en común solo pude encontrar lectores feroces, escritores más interesados en literatura no occidental y amigos a los que la lectura era más una afición a un deporte, como normalmente me pasa a mí... algunos días.

Por ese entonces ya venía releyendo el primer capítulo de 2666, cuando me topé con Rodríguez. Vio la tapa dura y roja, se percató en el título y, en plena tarde deprimente de agosto me preguntó con decisión a qué iba esta novela titulada 20. ¿Veinte?, le dije, 2666. Le acerqué el título a la cara, respondiendo con una mueca extraña, casi tan extraña como el cielo encendido en plomo. 20, respondió con certeza, suma los número y sale 20. Abreviemos, hombre, me dijo cambiando la mueca por una sonrisa mucho más extraña, algo... psicópata.

Comenzamos con un debate desaforado y un tanto fútil respecto a la necesidad casi religiosa de sumar las cifras que nos colocan delante de nosotros. Yo defendía a cabalidad la intención de restar los intentos o, por lo menos, multiplicar y dividir, formar composiciones complejas que no determinen fácilmente un título, sino hacerlo mucho más ameno con situaciones que difícilmente podrían conjurar un contexto nada positivo para nosotros.

- Restar las cifras solo conseguiría ahogar nuestras posiciones a un baúl sin fondo. Mira:

                           2-6-6-6= -16

- Yo había considerado proponerte este título:

                           2+6*6-6= 42

- Realmente ese título no va con la novela.
- Ni siquiera la has leído.
- La leeré y verás que el título más adecuado es 20.

En ese momento, mientras el bus (no había mencionado anteriormente el bus; sin embargo, se debe resaltar que los únicos espacios donde dos personas pueden entablar una conversación sobre un libro es en los parques tranquilos y en los buses caóticos, espacios sensibles a una buena lectura) avanzaba con total calma, haciendo crujir entre intervalos indecifrables sus viejas conexiones y sus descascarados límites... en ese momento nació la cofradía.

domingo, 29 de junio de 2014

Hoy 1

Hoy llegó nuevamente. Se le vio con el mismo semblante de siempre, acongojado en tu triste capa de cuero. Por un momento no supe en qué pensar, ni qué decirle: solo le dejé pasar.

Hoy ya se va, pero mañana vuelve inmerso en los fríos matinales, en los chistes sencillos y en los cigarros inicuos. 

martes, 11 de febrero de 2014

Inicio

Ya había dado inicio tantas veces que olvidaba que ésta era su vez número 67. 

Sin embargo, decidió que fuera la primera vez, nuevamente. 

Así que cogió la pluma, el papel, se sentó en el escritorio y comenzó a plasmar las ideas, memorias, momentos e incidencias que ya venía organizando en su cabeza.

De esa forma uno tendría que iniciar buenamente, pensó.

En realidad cogió su laptop, tecleó 'facebook' en la barra de navegación, abrió la sección notas. Estaba tirado en su cama que nada parecía a un escritorio; echado, tirado, escribiendo lo que oportuna o inoportunamente apareciera entre una oreja y otra, detrás de los ojos, arriba de la nariz, más arriba de su boca, por debajo de sus juveniles canas.

No es forma de iniciar tu oficio como escritor, se dijo en silencio, sin mover los labios, con eco.

Era su hobbie el de escritor.

Escribir es un oficio duro, deprimente. Tú no querías ser escritor. 

De todos modos, ahí está tu voz. Enséñale a hablar.

Ponle guardar. Que salga en tu muro. Ese es tu inicio.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Carne Fresca (1)

Dédalo y yo llevábamos varios minutos viéndolas. Eran 2, una más alta que la otra, ambas tenían unas piernas perfectas detrás de esos minúsculos shorts, rasgados, viejos, vejados por ellas mismas, vejados pronto por nuestras manos..., al menos eso creíamos. Yo miraba a Dédalo y, sin palabras, hacíamos juegos silenciosos donde escogíamos a nuestra preferida; ay, quién decidiera escoger a la misma que el compañero. Sucumbíamos a largas competiciones mentales que tenían como victoria escoger primero a nuestra presa. Mientras tanto, las piernas tiernas y duras parecían mirarnos a lo lejos; volteaban a veces para mostrarnos sus nalgas perfectamente formadas por los shorts pegados con algún tipo de menjunje ancestral. Ellas seguían ahí, esperando.

Dédalo gana. Maldito hijo de puta, ya van dos veces seguidas, pienso. La ira no me dura mucho; es mi amigo y muchas veces me ha salvado ofreciéndome un profiláctico cuando mi memoria no cambiaba al chip de la mdurez y se mantenía impávido en el pensamiento infantil y colegial. Dédalo me mira burlón y cómplice a la vez: ¡Chicho, hoy cachamos! Esa frase que aparece cada vez que gana, cambia mi mal humor... ¡Y lo sabes!

Cruzamos la pista. Ellas aún se encuentran distraídas; no como su piernas, que se comunican telepáticamente con nuestras pingas bien paradas que ya no quieren dormir hasta que encuentren un buen lugar para divertirse. Chibolos pajeros, nos gritan. Fuera mierda, yo voy a cachar. Las chicas voltean por el cruce de palabras; la más alta, la que me toca a mí, tiene unas tetas tremendas... ¡La putamadre! Vi a Dédalo cagarse de envidia. Apenas ayer descubrimos lo que significaba "una rusa", mientras lanzábamos terriblemente con Conejo. Conejo nos había mostrado un libro viejo donde un tipo tenía su miembro incrustado entre dos tetas. Conejo de mierda, consígueme una revista pe. Cabro... y nosotros le dábamos yerba gratis. Conejo...

Dédalo se dejó llevar por el culo y por la estatura de la flaca de pelo corto. No es que fuera chatón, pero nunca le gustaron más altas que él. Me dejó la alta, me dejó las tetas, me dejó mi primera "rusa".

- Hola -dijo, tenía esa sonrisa que mira siempre más allá, nunca a los ojos, para no parecer tan desesperados-, ¿van a la tocada del Perro?
- Este... sí, esperamos a unas amigas.

Bien carajo, amigas... No quería aparecer en mi jato sin cache y con un labio partido.

- Nosotros también esperamos a unos causas, ¿nos acompañan a esperarlos y nosotros les acompañamos a esperarlas? -y así tan fácil como el trabalenguas que dije, saqué la botella de ron y la pipa.

Las caras complicidad aparecieron... eran nuestras...

martes, 18 de diciembre de 2012

Poemetría: Lectura

Leerte de pies a cabeza
como un rezo
una novela extensa 
o un cuento precioso. 

Leerte de inicio a fin
de fin a inicio

Rozar tu piel con la vista
escrutando en silencio 
ese pergamino 
que se prolonga 
en todo tu cuerpo. 

Y que el fin sea el beso
el suspiro tuyo.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Perro

Un poco loco para dejarse llevar por el pescuezo, ¿no?, y luego de algunos minutos mover la cola desesperadamente a la misma persona, ahora acariciándote el lomo, aguantándote las ganas para no ladrarle, morderle las pantorrillas hasta que llore de dolor. Un poco loco no cogerle la pierna y lograr una pequeña hemorragia. No, tan demente no es. Naturaleza le llaman. Otros, instinto.

Si es la naturaleza o el instinto, éste no deja de mover mi cola y yo de sacar la lengua mientras el tipo parado frente a mi deja de sonreírme, sentado en su largo y delicioso sofá, que me ha prohibido disfrutar tantas veces con golpes de sus zapatos o nuevamente cogiendo mi pescuezo y lanzándome al vacío de la habitación. Es él, quien mira lento con su pestañeo ese cuadrado lleno de colores y sonidos; quien dice cuidarme, alimentarme, amarme. Es él quien todos mis hermanos y congéneres me alientan a proteger hasta la muerte, en esa tentativa llamada fidelidad, mentira abyecta que busca condenarme a látigos constantes, a burlas generalizadas, a sentimientos de fácil olvido por el trabajo, eso llamado amor, o cualquier otro somero e insignificante motivo necesario para cogerme de la cola y hacerme llorar.

Así es pues, he decidido yo cogerle del pescuezo. No es suficiente de la pantorrilla, de la mano tirana que envuelve en dolor en vez de cariño o alimento. Ahora seré yo quien se acerqué con la lengua afuera, con ladridos fuerte pero reconfortantes, con la cola moviéndose de un lado para otro.

La cola ya no se mueve independientemente, es ahora controlada. Ven, amo, ven. Sigue creyendo que estoy feliz.

Juguemos.


martes, 30 de octubre de 2012

Poemetría: Untitled

Tengo mariposas en los bolsillos
esperando escapar
darle colores al cielo gris
parloteo confundido con aletazos
de sus frágiles telas tornasoladas
pegadas a su cuerpo pequeño
de metal

Escaparse lejos
donde no existan las palabras
demora, aurora, promesa
no volar sobre flores
sino sobre cabezas desordenadas
posarse eterno en tu nariz
y presenciar el film que se proyectan
desde tus ojos

Y verlas diluirse en el espacio
una, dos, eternas
sin perder una de vista
desde la más pequeña
hasta la inmortal
como el fiel reflejo de este sentimiento

En danzar onírico
en vuelco intermitente
Así siento.

lunes, 30 de julio de 2012

Poemetría: Comprendiendo

A la fecha llevo ya más de 5 inviernos caminando sin pesar
sin sentir culpa por las veces que habrías tropezado
u olvidado la dirección del lejano cono.

Andar sin un solo pensamiento que te invoque
una sonrisa que ya logró la libertad para mostrarse
entre bancos conocidos
lejanas ya matrices incongruentes
y letras tontas, cursivas y cursis

Son ahora tus días iluminados
tus miradas fijas
el caminar atento
insustituible
Casi sin ganas de romper la quietud
sin ganas

Sin embargo
encuentras en el recuerdo la forma perfecta para seguir manteniendo la ilusión
esa que has logrado con esfuerzo
con falsos rezos y lágrimas colocadas

Solo existo para decirte que no soy más aquella sombra que te acompañó en los inviernos
esa sombra que ya feneció
pues solo existen veranos
y me reconforta

jueves, 14 de junio de 2012

14 de mayo.

Hoy se levantó con la pesadez de la muerte. Le venía susurrando desde la antesala al descanso. Se sentía abarrotado de preocupación, triste, como si fuera a dejar este mundo en cualquier momento.Como si al cerrar los ojos soñara por toda la eternidad esos episodios donde volaba, follaba o recorría lugares ya recorridos, conocido personas ya conocidas.

Con miedo cerró los ojos para dormir. Se convenció de la facilidad de la muerte para adentrarse en un ser amodorrado, de la facilidad para sufrir en sueños más que en la realidad. Un privilegio que pocos podrían tener.

Sin embargo hoy se levantó. Abrió los ojos y comprobó los límites de las cosas, las formas de su habitación. Suspiró. Otro día de preocupación.

sábado, 26 de mayo de 2012

Consideraciones sobre Trujillo 1

Trujillo es un reflejo, cuya imagen, la cual se refleja en el espejo, se encuentra a 570 km al sur. Supongo que la distancia genera una serie de detalles inequívocos con la materia reflejada. Sin embargo, podríamos decir que es su sombra, el hermano gemelo, las dos gotas de agua, las palabras homónimas.

Las pequeñas diferencias podrían manifestarse en los taxis. Los taxis pasean en Trujillo. La mayoría de ellos están sin pasajeros, mientras los conductores, indiferentes a la sequedad de sus asientos, apachurrados en sus sitios, brazo doblado en la puerta, recostados y a punto de de fenecer por el sueño, no parecen preocuparse. Solo pasean: miran hacia y frente, manejando mientras la marea de asfalto les muestra el camino al fin del día.

También llevan encima números. Esa es la gran marca, diferencia de sus hermanos limeños. Todos lo vehículos mantienen dispuesto en su techo un número telefónico para su fácil ubicación. El de mayor facilidad: 222 - 2222. El más difícil... Bueno, ya me olvidé.

La ciudad no puede envidiarle nada a Lima. Tal vez un Mistura, los partidos de la selección y los conciertos masivos con estrellas de rock, regatoneros y salseros de vieja escuela. Por lo demás, en comida es superior; en mujeres están rivalizando a la par; en delicuencia están logrando la igualdad.

La sierra de Trujillo es otro caso. Merece un bien merecido post aparte.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Poemetría: Tan fácil

Tan fácil es ahora
acomodarme entre tus piernas
y encontrar la calma
mientras ellas se entrecruzan como tenazas
y me acercan más a ti

Después todo es sencillo
entremezclando tus dedos
en mi cabello
sobando la forma de mi cabeza
quedándome dormido sobre tu hombro

Y dejar
que te montes encima
que muerdas mis lóbulos
chupes lo que tengas que chupar
juegues con mis vellos
o simplemente me cantes al oído
todas las palabras que no caben
en la luz prendida

No importa si mi oído sangra
perfórame con infortunios
y oprobios
con escarnios y vituperios
convierte en soez tu vocabulario
serán como poemas en el lecho

Tan fácil es ahora
seguirle el ritmo a tu pecho que respira
saber que sigues a mi lado
saber que no quieres irte.

martes, 15 de mayo de 2012

Mis yos

La sensación experimentada hoy en la mañana me durará, máximo, una semana.

No recuerdo bien el momento exacto de la transición, un momento indistinguible entre el dolor y el placer, la ausencia y la estancia. 

No hubo una acción indispensable para lograr tal estado, tampoco una palabra o un pensamiento. Sólo me bastó el cielo gris, suficiente para captar en su segundo, dejando su aliento en los momentos posteriores, miles de momentos, situaciones, sensaciones y percepciones que se licuaron en mi cabeza. 

Desde el colegio, hasta la academia y la universidad. Todos mis yos aparecieron para decirme algo, sucinto y claro; algo importante que no deber ser tomado a la ligera jamás: he crecido.

Pero a la vez todos mis yos me demostraban su extrañeza ante esta nueva persona que veía inquietamente el cielo incoloro. A la vez sentía un cambio sustancial, me sentía extrañamente más alejado de mi sustancia, desconocerme en el alma y en el cuerpo. Esa guerra interna propició violentos malestares mentales, de gran relevancia existencial, pero de impacto menor en ese momento.

Fue algo de paso. Sin embargo sus repercusiones fueron inmediatas. Hasta ahora intento rememorar el eco que acompañó a esos minutos.

Me alejé de mí ser y existencia a la vez que comprendía que yo había cambiado.

O tal vez solo fue el producto de ver el cielo gris.

domingo, 13 de mayo de 2012

Diálogo ajeno.

- Buenas, ¿cuánto me cobra hasta Larcomar?
- Seis. Mi amor, pero te estoy diciendo que...
- No seas malo...
Me muestra su mano extendida con los 5 dedos bien separados.
- Dale.
- Pero chiquita, yo te quiero, y lo único que tú me das son enojos. Ya no sé qué quieres.
- ...(murmullos)
- Si no me quieres ver entonces te dejo y ya no nos vemos más.
- ... (murmullos)
- Ja, ja, ja, ja. No sé que quieres de mí, mami. Te quiero dejar el paso libre y parece que no me dejas. ¿Entonces qué quieres?
Me mira, despega el celular del oído y aprieta un botón.
- Yo necesito conocer otras personas. Mañana tengo una reunión con gente importante, personas de nivel -se ríe, mientras me mira. Solo me queda acompañarlo con una risa fingida.-, conocer otros lugares...
- ¿Y yo, mi amor?
- Tenemos que terminar...
- Entonces mañana nos encontramos y acabamos todo. Yo te deseo lo mejor, que te vaya bien.
- Mañana ya lo solucionamos.
- ¿Mañana nos vamos a la cama?
- Ja, ja, ja. ¡Qué dices!
- Pero dime... ¿Vendrás con tus jeans apretaditos, no?
- ¿Ves?, contigo no se puedo.
- Ya bueno nos vemos mañana. ¡Ah! No te olvidas la camisa.
- ¿Camisa? No me digas que sigues andando con ese polo horrible.
- Sí, cucharita, con el mismo polo. Cómo me vas a tener así de abandonado.
- ¡Cómo es posible! No, mañana mismo te doy la plata para que te compres tu camisa.
- Si, amor. No me importa que sea de 5 soles, no me importa. Sólo tener una.., ah, y que sea L... y rojita.
- Ya, ya, entonces así será.
-  Baja en la esquina, maestro.
- Bueno amor, mañana nos vemos. Cuidate. No te olvides de la camisa, ah!
- Si, chau, chau.
- Chau.
- Cóbrese.
- Puta que esta flaca se muere por mí.
- Pero parece que se quiere separar de ti, compadre.
- Eso dice, pero no va a poder.
- Bueno. Suerte.
- Nos vemos.

Y arrancó.

Hoy confieso

Días como hoy quiero quitarme el alma del cuerpo, ponerlo en otro envase y vivir sin preocupaciones, sin tanto mirar hacia abajo, ni esconder cosas de mí que me incomodan y que quiero esconder en más tela en la camisa.

O simplemente no salir, no saber que hay ojos que me ven como yo me veo, insistir en la ceguera generalizada, rogando para contagiarme lo más rápido posible, caer en una explosión óptica que prosiga con mis demás sentidos y no percibirme más.

Ruego cada día por ser una mancha, un sombra que viaja con el viento, energía deforme que no se preocupe por las ondas formadas en mi límites, o en el ancho de mi abdomen, en lo abultado de mi pecho.

Hoy confieso que me siento incomodo por el envase en el que me encuentro.

Una lucha constante y terrible.

sábado, 12 de mayo de 2012

Rounds que se pierden por cansancio

Cortázar había señalado, acertadamente, que la novela y el cuento finiquitaban como en un encuentro de boxeo. Mientras que la novela ganaba por puntos, el cuento lo hacía por KO. Un golpe seco que parte la quijada, quiebra la atención, instalada la emoción y destruye toda posibilidad de saborear un manjar que, apenas fue impuesto en nuestros labios, es arrebatado con insidiosa crueldad.

En la novela podemos saborear el dulce. Es más, en muchos casos el dulce se puede paladear desde el principio, desde la página 1, hasta el fin, como un caramelo de menta. Al momento en el que el dulce mentolado toca la punta de la lengua inicia un fresco festín gélido que no termina en la consumación del caramelo, sino en la sensación de frescura.

Esa impresión es la que te deja una buena novela. Una lectura que va ganando puntos a su avanzar; sin pensar en terminarla, pero sí intuyendo lo que podría ocurrir hojas más adelante, no necesariamente en la última hoja está el misterio. Sin embargo, no siempre pinta como lo dijo Cortázar, o como lo imaginamos al iniciar una novela.

Peor aún si es un escrito del cual te has hecho muchas expectativas. Novelas que se knockean solas, golpe en la quijada que debió darle al contrario (al lector); pero por motivos extraños (o una torpeza de cansancio natural) cae en propio rostro, dejando toda posibilidad de triunfo y excitación literaria al olvido.

Eso me ocurre con Crónica del pájaro que da vuelta al mundo. Este boxeador ha luchado demasiado, dando buenos golpes en los primeros 3 rounds. En los siguientes trata de mantener el ritmo de la pelea, moviéndose estratégicamente en un danzar escurridizo, sin mayor intención de atacar. Movimientos calculados, fríos, sin pasión.

Finalmente el trajín de los 12 rounds pasa factura. Solo se espera que caiga derrotado por el propio cansancio.

Leer en modo automático, por pura inercia; solo esperando que acabe la novela para saber el misterio, sin muchas ganas de saberlo, o saber qué vendrá en el próximo libro que será leído.

Rounds que se pierden por cansancio, por forzar la novela a niveles totalmente inexistentes.