martes, 28 de junio de 2011

Poemetría: Puede

Puede que las noches aún mantengan el silencio agrietado
las tonalidades festivas
el cantar hiriente.

Puede que las tardes se queden con su mutismo cercenado
con un tufillo punzante.

Puede que mi voz se mantenga clausurada
mis intenciones enjauladas
mis pasos demarcados
en plantillas prefabricadas
en un desvio cuadriculado

Puede que el ocaso
se convierta en acoso
que intente despegar el sol con un anaranjado
grotesco
inflingiendo a la lluvia un hedor patético

Puede que los días carezcan de sentido
las palabras se oxigenen
aburridas
que los versos se queden 
sumerguidos

Puede que este sintiendo lo que no he sentido
los 24 de cada mes
los martes de cada semana
las 6 de cada tarde
los ojos de cada instante

Puede que este acabando
los destalles
puede que los significados
se queden sin significante

Puede que todo se quede en oscuro extraño
en vacio hermético

Puede que me este quedando sin ti
y no me voy dando cuenta
que se desmorona el castillo
y que me lleva consigo

domingo, 26 de junio de 2011

Stone

Fumar marihuana nunca había sido su prioridad, sin embargo esa noche inhalo todo el humo que provenía de la pipa rota, cortante, que introducía en su boca, llenando los pulmones de un hedor distinto, raspando la garganta dejándole un sabor agrio. Se maximizaban las sensanciones: caminos más amplios, colores más brillantes, orientaciones más volátiles, palabras irónicas que vomitaban risas infinitas. Estaba stone.

Y no era nada del otro mundo, puta madre por esto reniegan todos; si es como fumar un cigarro y terminar como si hubieras tomado alcohol toda la noche. Se sentía libre, despegado del piso, más cerca al cielo oscuro, casi tocando una estrella. Raro, casi tocando una estrella pero cerca sus pies en el piso, cerca su cuerpo en la acera, lejos el cielo, lejos la estrella. Chistoso, y comenzó a reír.

Estaba acompañado. A los dos pasos se sentía solo, y a las dos cuadras estaba de nuevo acompañado. Volvía el rostro hacia la derecha y la izquierda, ahí los veía caminando como zombies, como él. La noche era hermosa, porque era de ellos. Todo lo que pisaban pertenecía a su reino, al reino de lo inconsecuente, de lo transgresivo, del silencio, y de lo invisible, casi subterraneos. Estaban, y era como si no.

En eso un paso, paf, un auto, ti tiiiii, el semáforo en rojo, luego verde, amarillo cuando quiere. Un grito, sube sube, más pasos, van rápido, corriendo. Luces se prenden por toda la calle, se abren las puertas, salen inquilinos, salen y entran, no se deciden, solo avanzan o retroceden según el gusto. Los ojos aparecen, y para peor, miran, miran como locos, por todos lados, te miran, me miran. Nos miran. Huevón nos miran.

- Relájate, Ramón, dale un hit.

- Confío en ti, chicho, esta huevada que nos rodea me está palteando.

viernes, 24 de junio de 2011

Poemetría: Momentos en cero

Hay vacíos que completan
más que los bolsillos al aire
las canciones perennes
los escritos átonos.

Silencios que expresan
gritos desesperados
momentos en cero
velocidad partida en neutro
y retroceso

Intentos que quedan
en el aire comprimido
en el ahogo fortuito
en dos mas dos es cinco
y el resultado
se queda contigo

Hay ansias
que se comen mejor
en el plato frío
con la entrada desagradable
y el postre desabrido.

Hay tiempos como éstos
donde nada importa
hasta que pasen y fenezcan
en el olvido.

viernes, 17 de junio de 2011

Redada

Era imposible compare. No podía salir de ese maldito cuarto. Y quería gritar pero tenía sus dedos metidos en mi boca y me gritaba ¡chúpalos! y yo estaba carpa, primo. Nunca había gozado tanto una salvajada como ésa; la tenía encima y no se dejaba de mover, ya me venía. Era una trigueñita de pelos oscuros, lacios. Brillaban huevón, brillanban con las luces que se metían por la ventana; a pesar de que era de noche y no veía bien tu rostro, su cabello iluminaba la habitación.

Puta pero tenía que irse a la mierda todo, chicho. Estaba tirando de lo más rico, cuando entre sus gemidos distingo los gritos de mi mujer. Eran parecidos, idénticos. Un gruñido sexual que me excitaba jodidamente. Estaba a punto de eyacular, de cogerla en el punto plano e invisible, donde no se conce nada, donde nos cagamos hasta el punto de perder el pensamiento. Justo, justo en ese momento, los gruñidos se convierten maullidos. Carajo, dije, que mierda pasa acá?

De ahí todo fue una mierda.

La perra comenzó a arañarme, sus jodidos bigotes me daban en la cara y se metían en mis ojos. Una pelusa jodida se me formó en la garganta y ya no pude respirar. Con la cara arañada solo pude ver a mi mujer abalanzarse sobre mí y mandarme a la reverenda puta.

Y acá estamos compare... esta chela está riquísima. Y cachar con una gata también. Salud!