Lo que pasa es que Ramón estaba guardando la verdadera alegría del concierto. No fue encontrarse con algunos amigos o disfrutar del ambiente rockero o corear las canciones, disfrutar de la música. Fue algo completamente inesperado, alguien que apareció en el escenario para no volver a bajar de sus recuerdos.
Iba a sonar The Great Gig In The Sky, una suave melodía del piano acústico daba de intro. Era una nota triste, acaso deprimente, dolorosa. Entra la guitarra un sonido más desgarrador, un sonido que podía llegar a arrancar los imágenes más alegres, y en eso... apareció ella.
Gritó como nunca, un lamento indescriptible, una situación jamás registrada, jamás imaginada y ella, en medio del escenario gritando y haciendo vibrar a la multitud. Nunca pensé escuchar tremenda voz en tal pequeña criatura.
La emoción del momento y lo excitante de la canción hizo que sólo primara lo auditivo. Al acabar la canción pude verla: pequeña, de rostro angelical, perfecto, cabello negro, lacio y largo (la trinidad que no puedo resistir) y bajando del escenario y nunca más volverla a ver.
La teoría del teatro también se daba en los conciertos. Los amores de unos segundos desaparecen hasta que vaya a otro evento...
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lunes, 27 de abril de 2009
sábado, 25 de abril de 2009
Ramón y los conciertos
Todo explotaba en el local y sentía el bombo sonar dentro de su pecho. Ramón escuchaba un latido de corazón que era parcialmente suyo: uno de los mejores discos del rock estaba a punto de ser tocado en vivo y él sólo debía quedarse parado y escuchar. Tal vez cerrar los ojos, pero las luces, el movimiento de los músicos lo llegaba a hipnotizar en alguna manera.
Y aquellas sensaciones parecen concentrarse en el pecho, dirigirse como por intuición, acaso instinto por todo el cuerpo. La mayor parte quiere salir por las manos en la forma de emular el golpe a la bataca o el rasgeo de la guitarra; un considerable espacio sale por la cabeza, haciendo un movimiento singular de afirmación pero constante. Otro poco sale de la boca en forma de letras y otro poco, el más pequeño de nuestro pies, siguiendo el tempo de la canción.
No supo cuánto tiempo pasó. Ramón salió del local con un tremendo dolor en las piernas, por estar parado el tiempo indeterminado del concierto, con una áspera sensación en la garganta, acaso de cantar y no tomar nada y sólo fumar y fumar, y con un sueño terrible, acaso de que ya la madrugada más hermosa que jamás haya visto en Barranco.
Y todo eso gracias al rock... y a la gente que le gusta esta música tan versátil.
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