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viernes, 1 de mayo de 2009

Ramón y su nueva máscara

Hace algunos días Ramón escucho algo cierto con respecto a los nuevos lentes que se compraría. Una amiga lejana le hizo una comentario interesante:

"Comprarse nuevos lentes es todo un lío, es como cambiar de rostro. Las formas de la montura, el color, el tamaño; cambia completamente todo el rostro. Te da otro semblante".

Aquella sentencia le pareció más que razonable, totalmente cierta. Cada lentes que se ponía le cambia el rostro, pero aún más, le cambiaba el ánimo. Algo raro le pasaba cuando descubría una montura extraña entre su puente nasal, delante de sus ojos. Si eran muy pequeños y delgados se mantenía serio; si eran demasiado grandes y gruesos se ponía melancólico y pensativo. Debía encontrar la medida exacta.

Había pocas posibilidades en el mostrador. Hasta que encontró el perfecto: No demasiado pequeño, no tan grueso, no tan grande, perfecto.

Se lo puso, su rostro se mantuvo serio, despreocupado. De a pocos su mirada se iluminó y una extraña melancolía lo invadió. Por fin se reconoció.

- ¡Me llevo éste!
Ramón encontró su rostro entre ese mar de anteojos.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Máscaras

Teniendo todo el contexto en su contra, Ramón se da cuenta que está rodeado de máscaras. Algunas más pequeñas, otras más grandes, cachetonas, hipócritas o tal vez optimistas; pero todas tienen la maldita capacidad no hacernos ver bien la realidad, que uno ve sólo una fracción de lo que no es. Ramón se da cuenta de esta facultad y se cuestiona qué tipo de máscara debe usar.
Primero piensa en una cara de serie, que dé pavor en una mirada fugaz. Quiere una cara gorda, de grandes cejas, boca torcida, barba mal crecida que le brinda una aura impenetrable y misteriosa. Que dé miedo de buenas a primeras. Una segunda característica que debe tener la máscara que desea Ramón es que, a mayor profundidad sea cada vez más amigable, confiable y sincera. Cuando uno comience a acostumbrarse a la máscara siente esa necesidad de amistad hacia ella, lo que le impondrá un aire jovial para todos. Perfecta trampa para que caigan.
Al final, cuando todos piensen que aquella máscara es la más perfecta, la más sencilla, amigable, confiable y afable. Juaz!! Ramón se sacará la máscara y mostrará toda lo que es en realidad: Un patético, romántico, idealista, sin metas e ilusiones, que camina por las calles sin motivo alguno y que él con su soledad pueden permanecer incautos por miles de días.
Que buena manera meterse en el mundo real. Ramón busca desesperadamente quién le confeccione su máscara.