martes, 11 de noviembre de 2008

Como aquellos tiempos

Ayer volví a usar la manos y sentí que todo volvía a la normalidad, como aquellos tiempos cuando cortaba con la tijera figuras en la revistas o coloreaba con crayolas mi cuarto, cosas que mi mamá nunca me reprochaba y que me sentía orgulloso de hacerlo.
Pero lo que más me impresionó fue que ahora mis manos tienen más facultades: tocan con las precisión las cosas, disfruta de las formas de ciertos objetos. Me lanzó a decir que ya no toca, manosea sin ningún tipo de pudor. Sólo que después recibe cierto tipo de reproche por parte de quien está siendo manoseado.
También peñizca, abofetea, puñetea, ahorca. Todo esto a partir de que volví a tener control sobre mis manos. ¿Qué será si tengo una botella rota, un cuchillo o una 9 mm.?
Sólo sé que me siento bien con mis manos de vuelta y mis nuevas habilidades. Dibujando en la pared también me trae recuerdos.

11 de noviembre (4:51 pm.)

Así transcurre mi vida en estas últimas semanas: entre cánticos de soledad, entre alegorías al silencio y metáforas a la desvirtud de mi ociosidad, aquella que me permitía al menos escribir algunas lineas en mi diario perdido para mí y para todos.


Y es que en los estos últimos días el peso que trae consigo vivir en este mundo esta haciendo mellas en mi lastimero cuerpo, apenas teniendo fortalezas para respirar en las noches y ver los amaneceres en las mañanas. Verdad absoluta de este tremenda vida: el tiempo sigue siendo cruel y nuestro pasar en este camino de sentimientos y realidades a medias sigue siendo tan corto. Lejano es todavía pensar en caminar sin sentir que te lanzan alguna roca en medio de la cara, o te ponen una cruz en la espalda para que sepas que vivir es igual que morir por todos lo pecados.


Un pequeño tiempo para reflexionar, para descargar toda la mierda que lleva uno adentro, creada de tensiones sin fundamento, de temores sin luz, de amores inciertos. Ahora a volver a mi vida cotidiana. A vomitar en el inmenso balde debajo de tu cama.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Protesta

Un gato en el sitio del presidente del congreso no es una burla abierta a tanto parlamentario inútil que tenemos. Es un muestra fidedigna de como un pequeño e indefenso ser pretende hacer valer sus derechos ante un tribunal que en su mayoría duerme, conversar, pelea (se jalan los pelos), duermen, ¿dije duermen?, trabajan ¿dije trabajan?.
El gato se siente, se lame un poco, abre los ojazos. Dice su punto de vista. Viable, aceptable. La derecha lo avala. En tanto la derecha lo avala la izquierda no lo hace (en primera instancia pretendía ayudarlo, pero ante el apoyo de la derecha fue una gran oportunidad para comenzar los disturbios en el hemiciclo).
Los líos no se hicieron esperar. El presidente, sentado al lado del gato que había ocupado su lugar, prefirió unas palabra: A votación! Se abrió la votación con una amplia victoria de los derechistas (eran mayoría); lo que no fue problema para los izquierdistas (que tomaron esta derrota electoral como un nuevo motivo de protestas y luchas).
Al final la noción fue aprobada: Ningún perro saldrá de casa sin la presencia de algún bozal, cadena y su dueño. El gato se fue más que satisfecho, el había pedido que hagan un parque exclusivo para gatos.

01 de noviembre (11:51 am.)

La conducta humana es impredecible. Nunca he visto, hasta ayer, la magnitud de la violencia interna, esa lucha abstracta, pasional, indiscriminada y sobre todo cruel que pueden tener cierto individuos dentro de sus mentes, corazones, almas y todo aquello inmaterial que sobrecoja sentimientos.

Ayer, pasaba por el distrito que me cobijó por años mientras estuve en la escuela, el distrito donde pasé mis primeras vivencias, mis primeros amores, mis primeras travesuras. Un lugar que le había tomado cariño y que ahora desprecio con toda el alma. Ayer, pasaba con el carro por Barranco. Tuve que levantarme, tuve que voltear el rostro a la mano izquierda, tuve que posar mis ojos en la calle que pasaba de largo a través del cristal. Tuve que ver ese afiche pegado en esa pared carcomida por el tiempo.

Un dibujo de una combi. No me apareció extraño, en Barranco sobran las expresiones artísticas de lo urbano. Esta vez mi deducción fue incorrecta: al lado de la imagen de la combi se observada una frase, de los más terrible que he leído en estos cortos 21 años y que dolieron peor que cualquier insulto, cualquier golpe...

Vayan a manejar su combi, CHOLOS DE MIERDA. Si no hay discriminación no estamos en el Perú.

Me quedé en shock, había otro pancarta con la imágen de dos bebés de distinta tonalidad racial, con otra frase alusiva a la discriminación, que no tuve tiempo de leer, ante el estado en el que me encontraba. No pude proferir otro sentimiento en toda la noche, no pude pensar qué mierda es lo que tiene la gente de Barranco para que cada mañana, tarde o noche pase por esta calle y vea este maldito afiche sin decir algo, sin hacer algún tipo de reclamo, un queja.

Estamos en el Perú y si no hay discriminación no estamos en él, cita el afiche. Ahora yo digo: Si no hay monstruos y mierdas caminando por la calle, no estamos en el Perú.

PS: Si quieren ver los afiches, están en la av. San Martín, no recuerdo la cuadra, pero están cercanos a una tienda que se llama La Canastería, en la puerta de la tienda a la derecha justo en una esquina. Pronto colocaré las fotos de esta basura.