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viernes, 7 de agosto de 2009

Imposible

Pero imposible dejar en paz a Luisito H., que sostiene su taza de café con leche mientras jugamos a piedra, papel o tijeras. Mi café bien cargado está aún caliente, así que espero a que se enfrié mientras mi mano muestra una piedra; Luis esconde la mano-papel y, piconazo como es, saca del fondo del bolsillo de su bata blanca de médico un plumón y comienza con su letárgico arte de escribir. Aprovecho para tomar el café, ya frío de tanto jugar.

Esta vez regala el escrito al mozo, mientras le decía "caliente el café de mi amigo por favor". Siempre los rostros se mostraban pasmados al recibir los poemas en colores brillantes de Luis y él siempre miraba mi rostro taciturno y reía y volvíamos a jugar, mientras le contaba sobre gatos, tierra, defecaciones y su él. No le gustó la relación, pero le dije "descuida, que sólo cité un poema". Sonrió como diciendo un "más te vale".

Si le contara que profané uno de sus escritos saca el estetoscopio y me lo lanza en la cabeza, para después jugar a revivirme, como siempre.

martes, 28 de julio de 2009

Señor Billy The Kid , ¿o Capitán Dexter?

Veo que tenemos los mismo gustos Luisito; no por la poesía, si no por esa manera tan "cool" de dejarnos las patillas, digo mientras prendo el cigarrillo y tú esbozas una sonrisa, de esas que dejan ver tus dientes separados. Ya terminaste tu carrera de Medicina y aún sigues escribiendo poemas como un niño de 5 años: a grandes colores y pequeños seres que pretenden salir de las hojas asimétricas de tu borrador. Yo ya acabaré y pienso dejar de escribir esos relatos que tanto te hacen reír; algunos comentarios han herido mi alma de niño.

Pero ahí apareces tú, con tu bata larga, tu estetoscopio con que el cual tratas de auscultar mis lentes tristes y me das un sonrisota: Me sorprendería si hicieras caso a esos comentarios, me dijo entre molesto y divertido. Yo deje llevarme por el juego mientras miraba sus patillas y me daba cuenta que eran tan parecidas. Vivimos en los años setentas mi querido doctor. Él sólo se ilimitaba a darme la espalda y sacar algo del bolsillo, ponérselo en el rostro y decir: ¡No! Billy The Kid para usted.

Y me dio un un papel garabateado sobre un poema:

Lo mejor que me
Sucedió fue
Haberte conocido
How can I see you,
No, how, no, because
My love.
Un día
Conocí el poder
Ligero de la palabra:
Yo tartamudeaba
En frases,
Con los ojos: tales
Ojos que en el mar
Se agotan.
Que
En el mar pierden
Un reflejo, el asfalto?

Para ella, me gritó, que pretende alejarte de las garras de la hermosura de la niñez y peor aún, de la escritura.

Tú no eres Billy The Kid, Luis Hernández, tú eres el Capitán Dexter. Ahora danzas, emulas estar sobre un caballo, y estás feliz.