Ejemplo A:
Te veo. Prosigo, intento detenerme pero sigo, borrando las imágenes perennes e inquebrantables sin sabor ni dolor. Un recuerdo casi sangriento e indoloro se presenta frente a mí. Tarareo una canción, veo mis piernas moverse hacia adelante, ante el suspiro borroso que está delante. Doblo, unos pasos a la izquierda, me quedo mirando la nada. Obtengo un pequeño souvenir que contrae mis pulmones. Me vuelvo. Lo siniestro se fue, el recuerdo volvió al cajón enterrado bajo mil pesares.
Ejemplo B:
Te veo. Sigo viendo, sigo esperando que voltees y que nuestras miradas confluyan en algo místico e inefable. Una ilusión platónica y tormentosa que da nuevos bríos, nuevas sensaciones e inspiraciones. Me gusta verte e imaginarte siendo mía, me gusta que seas la nueva fuente de inspiración, sonrisa que me mira, mirada que me sonríe. No importa que tú y yo seamos parte completamente alejadas de esa extraña máquina que es el amor y el olvido. Mientras cada uno se encuentra de un extremo al otro siempre mantendré las esperanzas de que aquellos lentes me den un beso. Mientras tanto tu inspiración me ha dejado alegre.