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domingo, 7 de junio de 2009

Otros colores roba tiempo en Amil

Lo curioso en Amil es que hay varias colores roba tiempo en la ciudad. No sólo están aquellos en los que uno puede embarcarse e ir al lugar donde desee, sino que hay algunos colores que permanecen en lo alto de las calles y son especialistas en robar tiempo.
Se algo extraño, pues estos colores se agrupan en tres, y estos tres colores (puestos en orden vertical, un color sobre otro) no funcionan al mismo tiempo, sino que cada uno tiene un momento determinado para mostrarse. Un color en particular es el que roba el tiempo, indiscriminadamente y con sorna, sacando la lengua o haciendo figuras prohibidas con las manos. Los colores roba tiempo predominan en Amil, por eso los humanos en esta ciudad robamos el tiempo con un poco de sangre en la cara.

jueves, 4 de junio de 2009

Amil, la ciudad que te roba el tiempo

Si queremos hablar de robar tiempo de manera más acorde a las necesidades de los pobres urbanos amileños son los colores roba tiempo. Esos que aparecen fugaces y que debemos abordarlos si es que no queremos llegar tarde a nuestro destino (llegar tarde, suena absurdo en esta ciudad donde de por sí siempre es tarde).
Lo curioso es que puedes escoger los colores roba tiempo que más te agraden. Eso sí, algunas veces la desesperación hace escoger colores por cada zona de nuestra querida Amil. En esos colores no hay casos que valgan.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

3 de stiembre (10:25 pm.)

Por fin actualizo mi biblioteca personal: Herman Hesse y su Lobo estepario, y uno de mis ejemplos a seguir, Borges, con El informe de Brodie. Ya hace mucho que no compraba libros y me he alegrado en demasía llevarme estos dos ejemplares en la mochila, deseando que me llegue más dinero para obtener más y más ediciones.

Y es que aquí obtener libros es como sacarse un ojo de la cara (que metáfora tan vetusta), y con el fin de no comprar piratas (que abundan, pero mi biblioteca debe tener las mejores ediciones) debo recurrir a los originales, en el boulevard de la cultura Quilca, donde se encuentra de todo, con lo único malo que los precios son absurdos y que no se puede robar ningún ejemplar (los vendedores se protegen entre ellos creando una vigilancia masiva entre ellos).

Siempre he tratado de robar libros en Quilca, pero la posibilidad de atraparme y ganarme el reprobo de los vendedores como que me cohiben de realizar este acto lejano a lo correcto. Por ahora sólo me queda seguir comprando hasta que aprenda las mañas necesarias para salir ileso de estas ideas descabelladas.