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miércoles, 2 de septiembre de 2009

De viaje por Santa María

Lee a Onetti, me dijeron hace ya uno o dos años, es parecido a Ribeyro. El tipo es uruguayo y también habla de las cuestiones urbanas-marginales. Luego de uno o dos años tuve la valentía de leer a Onetti (lo de la valentía no lo decía desde que leí Ficciones de un tal Borges), y escurrirme entre sus líneas fue de una abrumadora hermosura.
No escribió, o no he leído aún algún cuento de ese estilo, sobre la cuestión urbano marginal que me llevó a buscar como loco un ejemplar con sus cuentos (finalmente en Quilca, de esa versiones del Comercio, 10 soles, Cuentos Escogidos). Más bien me llevó hacia instancias que ningún otro cuentista lo había hecho. Leer a Onetti es incrustarse en un lugar donde lo más fantasioso puede ocurrir en una ciudad como la tuya o la mía; es más, leer a Onetti es, repito, saber sobre situaciones absurdas, que se pueden desenvolver en cualquier barrio o asentamiento, pero expresado con poesía intelectual, con verso arquitectónico y sofisticado. Lo que te sorprende de Onetti, muy a parte de sus historias, es la manera como te la cuenta: conviertete en un animal, rebusca el cuento, sumérgete hasta encontrarle el sentido. Siente lo que yo.
Fue difícil leerlo. Pero algunas frases o líneas me ayudaron a seguir, mucho más allá de la historia las ganas de saber qué continuará de aquella línea armoniosa te obliga a continuar. La muerte y la niña, una historia elaborada con el más fino sentido ocultista y hermosamente contado por varios personajes es un claro ejemplo.
Lee a Onetti, escuché hace uno a dos años atrás. Yo diría: Lee a Onetti, y de ahí vuelvelo a reeler; que será reconfortante.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Encuentro

Me encontré con Julio Ramón en un café cercano a la plaza San Martín. El pidió un expreso (le echó algunas cucharadas de azúcar) y yo un americano (conversamos sobre la terrible manía de los gringos por ponerle su marca a todo). Luego salimos a conseguir cigarrillos. Lo insté a recorrer el Boulevard de Quilca, pero su desesperación por tabaco me infundió gran incertidumbre. Caminamos algunas cuadras buscando algún vendedor; mientras, conversábamos sobre la necesidad de una literatura propia. "Autores como Arguedas y Ciro Alegría demostraron que podemos encontrar un camino hacia nuestra propia conciencia, encontrar una identidad". Le sugerí que adhiera a esa lista su nombre. "Yo soy hechura de varios autores, de varios cuentos; mi vida está transcrita bajo esa lupa".
Una jovial señora nos brindó cigarros. Él, Malboro (me hizo acordar el juego de palabras), yo, un Lucky Strike (me comentó que a su edad ya no tenía esa manía de probar nuevas marcas de cigarrillos sino deleitarse con aquellos que lo acompañaron en su pasado). De a poco lo fui llevando a Quilca.
Compró un par (nuevos cuentistas peruanos). Yo compré uno que me recomendó: El péndulo (Umberto Eco); "como para no dejar de leer a Eco, hasta sus libros de semiótica", me dijo. Volvimos nuestros pasos hacia la plaza San Martín; se despidió acomodándose el bigote ralo, algo crecido y sin cortes. "La próxima trae tus cuentos para decirte si tienes que soltar las ataduras y vivir del hedonismo."
Aquella tarde llevaba una camisa a cuadros, un pantalón de vestir crema y unos zapatos brillantes y negros. El poco cabello se movía al ritmo del viento gélido que sacudía Lima en esos meses de mayo. Prendió otro cigarro y dobló la esquina.

viernes, 30 de enero de 2009

Desvarío: Lustrador de zapatos.

Hoy decidí ser lustra-botas. Pero quiero marcar la diferencia en el negocio. Primero alquilar un local, no quiero esperar en la calle como la competencia, así que pondré una TV con cable, miles de revistas, comics, todos los diarios en circulación (o los mas vendidos) y hacer del lugar algo apacible y reconfortante. También sería un opción vender algunos bocaditos.
Pero en lo que realmente quiero cambiar es la presencia del lustrabotas. Me he dado cuenta que el lustrabotas siempre están con la mirada en el suelo, viendo los pies de la gente; apenas ven un zapato de cuero, levantan la mirada (y eso) y promocionan su servicio.
Eso nunca más en mi negocio. Siempre con la mirada a los rostros incrédulos, esbozando una sonrisa patética en pleno sol, sudando como loco, esperando que alguien entre en mi negocio. Por mientras a esperar.
La competencia es dura.

lunes, 26 de enero de 2009

Ramón y sus reencuentros

Y como que Ramón ya se había cansado de que le digan que nos encontremos. Le cansaba hacerse el especial, el despreciable, el encantador y decidió por fin reencontrarse con Gladys a las 5 pm. en una pequeñuela plaza limeña. Eso sí, nada de remembranzas ni sorpresas; a la primera se iba corriendo.
Y que llega temprano. Se protege bajo los techos del Boulevard de la cultura, se esconde entre el olor de los libros esperando desaparecer de lo que él llamó un "acercamiento al peligro, acercarse al terreno enemigo". A las 5 en punto suena el celular, no sabe cómo, pero presiente algo...
-¿Ramón?
-¿Sí........?
-¿Ya estás en Quilca?
-Sí.... ¿Tú dónde estás?
-En Quilca.
-¿En qué parte?
-¿En qué parte estás tú?....
Y como que me cansó el lío de las preguntas y me dijo "espérame parado ahí, no te muevas que ya estoy ahí". Las frases se repetían tanto ese día. El miedo se apoderó de mí cuando la vi, tan simpática como nunca y yo tan amarrado a Leticia y su "no seas mala gracia, le invitarás algo supongo". Y yo que tenía en la cabeza un Lucky Strike. Qué desgraciado.
Y que las frases tenían ese sabor dulzón al recuerdo, y que pesaban en mi boca y se escondían en mi mente. Y ella igual, que algunas veces los recuerdos se perdían más y los silencios perduraban más y se hablaba de laboratorios y amigos y estudios y trabajo. Caminábamos escapando del sol, hacía un lugar donde podríamos sentarnos cómodamente. Y polos y Venezuela y diseñador gráfico y ¿dibujas?.
Y Ramón que olvidaba poco a poco los prejuicios anteriores al encuentro y se soltaba, se reía, jugaba, recordaba como es debido. Gladys hacía los suyo. Hasta que cada uno calló nuevamente... Era momento de hablar de las parejas de cada uno, y no pararon hasta que oscureció.
Y al final yo que callo y ella calla. La miradas, Ramón piensa lo peor. Pienso que ahí, acá va a ocurrir, se me va a acercar y yo, pensando en mí, en Leticia, en los dos, y no en ella, me alejaré y le diré:.... Pero no ocurre nada, volvemos a lo mismo. Nos despedimos y cada uno a su casa.
Y el ring, ring, "Hola amor", "¡Ramón!, ¿cómo te fue?".

domingo, 25 de enero de 2009

Dinero

Mientras suena el saxo, yo voy contando el dinero en mi bolsillo, el sencillo, las monedas: 5 soles, lo justo para el pasaje. En el bolsillo pequeño, ese escondidillo juguetón, está lo que servirá para invitarle algo a Leticia.
Llego a eso de las tres. Diversión! Su hermano a más no poder viendo la tele. Ella que baja y se echa a dormir en el sillón y yo, que comienzo a tocar la guitarra en busca de algún rescate, de algún castigo.
"El dinero es un acierto, no me vengas con esa tonterías de mierda. Estoy en un grupo habituales de viajeros de primera clase...", como dice la letra de Pink Floyd: Bullshit! Me pudro en el sofá mientras Leticia se duerme, su hermano me aburre y yo me aburro conmigo.
El dinero brilla por su ausencia en mis manos, se duerme en mi pequeño bolsillo y pasan las horas sin esbozar una alegría.
Por fin la casa y Leticia parecen recobrar sentido, pero de nuevo: su primo, su mamá y ella, sentada en el sofá. Hasta que cocinamos algo entre todos, y por fin mis piernas, mis manos están haciendo algo porductivo.
Al final me despido apasionado de Leticia, y el dinero sigue en el bolsillo pequeño, ahora tendré para el pasaje de la semana que viene.

domingo, 21 de septiembre de 2008

21 de setiembre (8:08 pm.)

He recibido un aguinaldo (por no decir otra cosa que denote miseria o necesidad de dinero) y lo invertiré (como siempre) en libros, una parte, y lo demás para salir con Leticia que hoy está enferma (tienes gripe, tos, le duele el cuerpo, la cabeza, tiene fiebre). La llamé en la tarde y hablamos un buen rato esperando que se recuperara pronto.
Luego comencé a pensar en los posibles libros que compraría. Estoy en un etapa en mi vida en donde los libros de mis grandes maestros están ya metidos en el estante de mi cuarto. Desde un buen tiempo compro libros de autores no que son conocidos, pero se mantenían alejados de mi campo visual o de mi conocimiento literato. Fue así que conocí a Roberto Bolaño (que fue un gran acierto), fue así como conocí a un tal Neyra Magnana (no sé si es así), un sociólogo peruano egresado de la Católica y a un viejo bigotón que reside en China y que escribió un libro: Blues de un gato viejo, también peruano... Ambos terriblemente malos. Sin mentir, llevé esos libros a la universidad y los vendí a los primeros incautos que se cruzaron. Con aquel dinero conocí otro libro de Sábato que no sea El túnel: Abbadón el exterminador. No lo he leído, pero el autor ya dice algo.
Y así es la vida de los pobres jóvenes que propugnan por algún día ser narradores. Sin algún mentor que les diga lee esto, lee aquello. Así nos desplazamos por el largo camino de la literatura, entre perdedores y geniales, conocidos y desconocidos. Así se encuentran los grande tesoros de la literatura. Mañana en Quilca, tal vez conozca a un tal Kundera.

sábado, 20 de septiembre de 2008

20 de setiembre (10:39 pm.)

Hoy recordé que esta semana ha sido muy productiva para mí. No lo digo por las sesiones maratónicas en la universidad o las tareas inacabables que me dejan en ella; sino que en esta última semana terminó esta temporada infértil, improductiva, infausta. Luego de casi meses de para pude escribir un cuento que llenara de expectativas mi cabeza desordenada. Uno apenas lo he comenzado a escribir y el otro sigue aquí (ahora me estoy golpeando la sien derecha con el dedo pulgar) en mi cabeza, esperando ser materializada.

Y se lo conté todo, o más bien le explicaba a Leticia lo que serían mis cuentos y el proyecto de un libro de cuentos que tengo. Si bien no tengo, todavía, la suficiente experiencia, calidad, en escribir narraciones, pienso yo que voy por buen camino; esperando por supuesto que este maldito diario me esté cultivando en el arte de escribir.

Y hoy mi vida se desarrollo así. Esperando, o tratando, de que la novela de 530 y tantas páginas de un chileno bien muerto, acabe de una vez.

viernes, 19 de septiembre de 2008

19 de setiembre (10:48 pm.)

Mi vida parece desmoronarse. Apenas y he logrado tener un respiro de mi maratónica vida llena de sonrisas, calor, amigos, sexo, cigarillos, Leticia, tareas, muertes (murió un gran amigo hace unos días), etcétera, y apenas he podido escribir hoy en este maldito diario que nadie se atreve a leer.

Parece que escriba o no el único gran lector soy yo.

Así que trataré por todos los medios escribir todos los días sólo por mí.
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PS: Hace días que me han salido unos ojos extraños en mi espalda. Hubiera preferido mil veces unas alas.

sábado, 13 de septiembre de 2008

13 de setiembre (5:45 pm.)

Hoy me encontré con Rotalio el Teis. Me saludó desde una nube muy gris, apunto de estallar en una garúa de aquellos tiempos en los que el invierno era respeto. Me preguntó por Leticia y hacíamos balances generales del 1 y 3 meses que tenemos juntos. Vas por buen camino, me dijo y al instante recordó nuevamente su historia de amor, la más grande historia de amor.
Le subí a su nube algunas provisiones para seguir su vieja al otro lado del mundo (el invierno es más fuerte por allá, así que necesita ir preparado). Nos despedimos afectuosamente, diciéndole antes que le mandara saludos a mi doble en la antípoda.
En lo que continuó de la tarde el frío primó en la soledad de este cruel sábado.

viernes, 12 de septiembre de 2008

12 de setiembre (10:34 pm.)

La clase estuvo buena hoy, será porque hablé como nunca he hablado en clase, y la gente como que se sorprendió un poco; creo que ni tanto (saben de mi capacidad). Me quedé con las ganas de terminar la separata de Nugent, la acabaré en cuanto pueda.

Por la tarde salió nuevamente el sol. Creo que el invierno dice nuevamente adiós, y parece que cada año el invierno va desapareciendo de a pocos. Habrá un momento en la historia en que hará sol todo el puto año. Será el día que me mate. Una vida sin La gris es como no existir, es como si yo ya no sonriera, ya no hablara ni caminara.

Unas horas después apareció Leticia por la universidad. La demasiada tarea que tenía la obligó a venir a mi casa, donde podía utilizar, sin ningún costo, mi computadora y mi cama. Sólo utilizó la computadora. Aún puedo sentir su aroma en el cuarto, sus pequeños dedos en mi teclado. Al dejarla en el paradero sentí una pequeña brisa otoñal y una garúa nimia que no llegaba a distorsionar mi visión, a empañar mis lentes. Grité adiós en un silencio que se hizo eterno. Adiós invierno cruel y traidor, bienvenido sol primaveral.

11 de setiembre (11:32 pm.)

Me entretuve leyendo a un sociólogo peruano: Nugent (no recuerdo el nombre), que habla acerca de la formación de una identidad, basada en la vida cotidiana, en los quehaceres de los actores sociales en el presente, sin fijarnos en el pasado o en la tradiciones; simplemente dejar estos aspectos a cuestiones estéticas o éticas, la llamada conciencia histórica. Lo más interesante es que toma como ejemplo a J.M. Arguedas con su El zorro de arriba y el zorro de abajo, y su sociedad "hirviente", la conjunción de actores con distinta nacionalidad o procedencia, costumbres, tradiciones, etcétera. Ahora bien, este proceso de creación de identidades se expresa en dos grandes conceptos...

¡Carajo! ¡Qué mierda pasa acá! De la nada apareció un tremendo sol que ha interrumpido mi soliloquio intelectual... ¿Y qué fue con el día de ayer? Pensaba que este invierno duraría unos meses más, pero ha salido este sol primaveral que amenaza con romper el equilibrio que había encontrado en estos meses grises. ¿Será el adiós?

10 de setiembre (9:34 pm.)

Hoy salí de casa un poco más animado. Había algo en el aire que me ponía completamente alerta, dinámico. Llegué a la universidad y las clases comenzaron. Unas horas después me daría cuenta de la causa de mi estado de ánimo, cosa extraña que no fue la visita de Leticia muy temprano en la universidad. Sino que fue algo tan cercano y alejado a mí. Estabamos haciendo un trabajo de la universidad, cuando de pronto las ráfagas de aire gélido danzaban alrededor de nuestros cuerpo. ¡El frío, el frío!

Fue el día más friolento de este invierno corto, demacrado y flácido. Eden se apretujaba en su asiento, ¡Qué frío, carajo!, decía con los dientes que le rechinaban, mientras me observaba incrédulo por la forma cómo sonreía por tal clima.

Al llegar a casa sólo rogé que este clima siga emocionando mis momentos...

miércoles, 10 de septiembre de 2008

7 de setiembre (11:00 pm.)

Ayer salí a comer con Leticia. Todo tranquilo. Luego fuímos a su casa a ver algunas películas, documentales sobre la religión, la creencia en Dios, argumentos que Leticia aceptaba cabálmente. Por mi parte me mantenía escéptico. Es verdad que la existencia de cualquier dios me mantiene en constante cuestionamiento, y que es creación del subconciente humano, de ese instinto de subordinación animal.

Lo dejamos ahí. Aquel documental (para mi pobre punto de vista de estudiante de sociología) no aceptaba aquel testimonio como una investigación científica seria (sin admitir que habían ciertas teorías o posturas interesantes), ante la sorprendida futura periodista cultural y científica, que veía aquella información como una posible crónica, noticia de primeras planas, o periodismo de investigación.

Algunos juegos y el día se acabó volando.
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Eso fue lo de ayer. Hoy es 7 de setiembre, y es el cumpleaños de Leticia. 2o años vividos y decenas por recorrer. Un anillo y par de aretes (de gato) fueron mis regalos. Sentí que les gustaron. En casa con sus padres, hermanos, amigos, uno que otro ex. A las 7:30 de la noche tuve que decirle adiós. Es lamentables tener deberes al día siguiente (su cumpleaños cayó domingo), y el lunes es siempre pesado.

Nos despedimos con esperanzas de nuevos encuentros...

sábado, 6 de septiembre de 2008

6 de setiembre (10:15 pm)

Continuaré con la narración del viaje a Coayllo, ante los hechos tan relajantes que ocurrieron hoy.

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Todos nos miramos las caras; luego, nuestras miradas se fueron tornando hirientes, despectivas, que se fueron posando en la cara del Chino, que miraba a los alrededores... ahora al recordar esa reacción de Chino las risas se me escapan de los poros. Luego de las improperios, insultos, burlas y futuros castigos, no nos quedo otra opción que caminar, caminar los que pudiéramos, hasta que encontráramos a alguien que nos llevase. Felizmente paso una combi, ruta Mala-playa Bujama. Subimos sin dudar. Hasta dónde nos lleva, maestro, dije un poco excitado por esta aventura. Sólo voy hasta Bujama, pero de ahí salen carros para Coayllo, me respondió el cobrador. Volvieron las risas y las burlas hacia Chino, que aceptaba de a pocos las burlas. Llegando a Bujama, las cosas volvieron a lo mismo... No pasaba ningún auto, bus, combi, ni triciclo para Coayllo. Así que estábamos en el kilómetro 90, caminando en medio de la nada.

Soy sincero para decir que me cuesta expresar lo mucho que caminamos, lo mucho que nos cansamos, lo mucho que levantamos el dedo, esperando que alguien nos llevara por autostop. Entre burlas hacia Chino, bromas, y demás situaciones, no aguantamos más y ya no esperamos la movilidad que nos llevara a Coayllo, sino hasta el lugar más cercano al poblado. Luego ya se nos ocurriría algo.

Esa combi fue nuestra salvación, y todo fue ocurriendo en cámara lenta: el cobrador no decía te dejamos en el puente, de ahí hay carros que se meten a Coayllo. Luego, nuevamente en la carretera, un taxi, 35 soles, ni cagando, otro taxi, 4 soles cada uno, ¡claro que le entramos! 20 minutos, Coayllo, almuerzo, encuestas, nísperos (se robaron como tres bolsas llenas), más entrevistas, fotos, alcalde (y su maldita corrupción), nuevamente de regreso a la carretera (esta vez 4 soles, pero en una combi), luego el Soyus hasta Lima, casa y cansancio total.
Conclusiones: Nunca más hacerle caso a Chino. La población de Coayllo debería saber más de los que hacen sus autoridades con el dinero que perciben. Si bien el distrito ya cuenta con luz e Internet, los campesinos son escépticos al desarrollo, siguen dependiendo completamente de la agricultura. Jhonny, Chino y Eden se ganaron con el níspero. Yo, nunca más con ellos hasta allá.

5 de setiembre (10:30 pm.)

Hoy el viento que recorría mi cuerpo tenía un sabor diferente, un peso distinto, entraba más rápido por mis orificios nasales y entraban en mis pulmones con frialdad. Prendí un cigarro y no eran ni las 9 de la mañana en la universidad. Mis compañeros no llegeban y yo sólo me dejaba mojar por la sobria garúa que se esparcía por Lima. La mochila habitual, un poco más de dinero en los bolsillos, unas cuantas providencias (algunos panes que calmen el hambre que profeticé) eran los elementos que me acompañarían en este viaje. Este día lo sentía amalgamarse en mi tiempo.
Con el fenecer de mi cigarrillo fueron apareciendo uno por uno mis compañeros de viaje, mis compañeros de clases en sociología. El motivo del viaje (más por trabajo quepor placer) ocasionaba que mis compañeros mostrar sus rostros más compungidos, agrios y amodorrados. Estando los cinco reunidos en la puerta de la universidad iniciamos el viaje entre espectativas y buenos augurios. Partimos hacia Montenegro.
La avenida (o calle..., creo que más parecía un jirón), se encontraba en la av. Abancay, una cuadra antes de llegar a la av. Grau. Buses a montón, sin contar decenas de vendedores ambulates, cientos de jaladores vocinglerantes y grandes cantidades de basura regadas por las veredas, lo que le daba el toque limeño que caracteriza a toda nuestra ciudad. Sin tratar de regatear subimos al bus más elegante, limpio y modernizado que encontramos. Fue el primer bus en salir, eran las 11 de la mañana.
Aquí acaba la introducción perfecta de cuento urbano, de narración optimista de estudiante universitario. Me senté al lado de la ventana y a mi lado el Chino, más atrás Jhonny con Eden a su lado, y sólo el pequeño Roberto (el más joven de los 5). Entre risas de jóvenes e inexpertos viajeros disfrutábamos de a pocos el paisaje, primero el conocido conglomerado de edificios, personas, hasta convertirse en anchas áreas de cultivo, playas inóspitas y solitarias. A medida que avanzabamos por los kilómetros de la Panamericana Sur, nuestros ánimos iban mermando: Eden dormía, Roberto leía, Chino estaba echado mirando una película (de esas mierdas que pasan en canal 5), y Jhonny y yo mirando el paisaje que se iba creando al avanzar del bus.
A los minutos Chino se levanta asustando a cada uno de nosotros.
-Ya llegamos.
-¿A dónde? -dije yo un poco desconcertado- Estamos recién en el kilómetro 85.
-Tenemos que bajar en Mala para llegar a Coayllo -respondió Chino con la seguridad que lo caracteriza-.
Jhonny se mostraba escéptico ante esta decisión, pero Chino nos había comentado de viajes que había realizado por esta zona, a Chilca para ser más específicos, y estábamos confiando en sus viajes. ¡Chilca! Y todos bajamos en fila india, esperando llegar a Coayllo de una vez y hacer nuestro trabajo. Al bajar el nos percatamos que nos encontrábamos en medio de la nada.

jueves, 4 de septiembre de 2008

4 de setiembre (10:00 pm.)

La vida es extremada preciosa, si tienes a alguien a tu lado, alguien que te dé una sonrisa sin que se la pidas, alguien con quien puedes decir cualquier pachotada y no esperar una mirada extraña a cambio. Cuando por cosas insustanciales se puede morir de risa, cuando cada mirada de vuelve un beso, cuando cada palabra se vuelva una lágrima.

Hoy disfruté de la presencia de Leticia, como siempre la disfruto, de una manera especial, más comprometidos, compenetrados. Hoy podría asegurar que firmé mi contrato de fidelidad eterna a su lado.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

3 de stiembre (10:25 pm.)

Por fin actualizo mi biblioteca personal: Herman Hesse y su Lobo estepario, y uno de mis ejemplos a seguir, Borges, con El informe de Brodie. Ya hace mucho que no compraba libros y me he alegrado en demasía llevarme estos dos ejemplares en la mochila, deseando que me llegue más dinero para obtener más y más ediciones.

Y es que aquí obtener libros es como sacarse un ojo de la cara (que metáfora tan vetusta), y con el fin de no comprar piratas (que abundan, pero mi biblioteca debe tener las mejores ediciones) debo recurrir a los originales, en el boulevard de la cultura Quilca, donde se encuentra de todo, con lo único malo que los precios son absurdos y que no se puede robar ningún ejemplar (los vendedores se protegen entre ellos creando una vigilancia masiva entre ellos).

Siempre he tratado de robar libros en Quilca, pero la posibilidad de atraparme y ganarme el reprobo de los vendedores como que me cohiben de realizar este acto lejano a lo correcto. Por ahora sólo me queda seguir comprando hasta que aprenda las mañas necesarias para salir ileso de estas ideas descabelladas.

martes, 2 de septiembre de 2008

2 de setiembre (9:04 pm.)

¿Por qué me afecta una simple llamada telefónica, un timbre de voz? ¿Un silencio casi perpetuo? ¿Un corazón inseguro, un alma solitaria?

Mi vida va y viene en un interminable sufrir y vivir, morir y alegrarme, parece (sin mentir) cuando jalas la palanca del escusado, retrete o, como decimos los peruanos, WATER; bien resaltado para demostrar que la literatura carece de patrones arquetípicos, siguiendo lineas del buen gusto, o guiarnos por una maldita cultura que no es nuestra. Yo hago mi maldita y nefasta literatura, sin querer llegar al barroco o al vanguardismo, o la mierda del realismo visceral. Quiero, necesito de mi propia manera de escribir...

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Todo las frustraciones del día parecen haber recaído en la primera parte de este diario. Comencé tratando de explicar lo que siento (o sentí en determinado momento), y terminé trasgrediendo sobre mis propios demonios (la poca calidad de mis escritos). Parece que hoy es mi día de decadencia (perdonen la cacofonía, pero no estoy con ganas de buscarle un sinónimo a decadencia) personal.

En universidad estuve de manera muy distinta a la que me siento ahora, casi elevado por un extraña alegría. Ahora, escribiendo estas líneas, sólo pienso en ponerme a dormir y no levantarme jamás.

1 de setiembre

Hoy tuve un día raro. Hoy congrueron miles de sentimientos terribles en un mismo lugar y situación. Pasé de un momento divertido, a estar molesto; de estar molesto a sentirme terriblemente despreciable; de éste a estar triste, solo; de esto a sentirme nuevamente feliz, agradecido; y por último a sentirme realmente extasiado, en el éxtasis de mi maldita existencia.

Luego mi día carecio de sentido...

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Hoy mi viejo se volvió a ir, a trabajar a los lejos, y, lamentablemente, esta casa sin él es más tranquila. Han cesado las balas por algunos meses...

domingo, 31 de agosto de 2008

31 de Agosto (8:36 pm.)

Me siento solo ahora la escribir esto. Suena el televisor, suenan los murmullos abajo; pero dentro de mí solamente suenan grillos, como esas noches tristes en las cuales te sientes uno con el paisaje. Ahora, me siento uno con mi soledad... Soy un melancólico sin discreción.