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lunes, 29 de junio de 2009

Teatrillo barato

Ramón: No me vengas con tus cuentos. Siete vidas no son suficientes para convencerme.
Gato: No son sólo siete vidas, son seis bigotes, dos ojazos y cuatro patas.
Ramón: (Gesto de desesperación) ¡Buscas que te eche agua!
Gato: La vida está hecha de riesgos, yo no le corro a ninguno. Deberías hacer lo mismo.
Ramón: Si te lanzo un perro correrías y ¡ay de ti!
Gato: ¿Y si yo destruyo ese punto en el universo. ¿Qué sería de ti?

lunes, 20 de abril de 2009

Hablando de teatro...

Es cierto que Ramón ama el teatro. Pero sobretodo ama, en cada puesta que asiste, a una de la protagonistas. Siempre existirá alguna fémina que se lleve sus miradas nostálgicas y los aplausos más estentóreos.
En esa última visita se enamoró de una pequeña joven, frágil y pequeñita. De cabellos azabaches y piel tersa y brillante, cobriza, con una mirada que engaña cualquier vistazo superficial. Una voz potente y movimiento guturales y exóticos por no decir sensuales. Sus cabellos... demonios como Ramón sufre por los cabellos sueltos, color carbón, dejándose llevar por el cansancio y expresando algo más gracias al sudor que lo vuelve tentador y deseable.
Y siempre tiene que pasar por aquella situación. La penúltima vez que fue al teatro se enamoró de una mujer de casi 30 años, espectacular, también de cabellos negros, mirada desafiante que lo confinó a pensamientos impuros e inexpresables.
Pero no piensen que Ramón sufre sólo por las de cabello corto. La antepenúltima vez que Ramón fue al teatro, quedé perplejo al ver a una rubia inconvencional, vestida de rasta, con su trenzas y su cara de traviesa que confinó a una búsqueda de miradas perversas.
Lo cierto, y no sé cómo lo logra, es que Ramón termina por disfrutar y entender la obra en su totalidad.

domingo, 19 de abril de 2009

Una noche de teatro

Por fin Ramón sacó provecho en una función de teatro, algo más que enamorarse de alguna de las participantes en la obra (pero Ramón estaba en todo lo correcto, aquella pequeña y frágil muchacha de cabellos negros, de piel cobriza, casi dorada, y su rostro... y sus ojos que uno quería caerse dentro de ellos, como en un pozo).
Hasta que escuchó esto:
"El amor es como dos flores. Cuando una se marchita..."
Y el tiempo se detuvo y un flashback hizo que por un espacio de milisegundos (si es el término correcto), una serie de recuerdos y odios aparecieran frente a sus ojos y nublaran sus pensamientos.
A los milisegundos (sic?) después, volvía a ver a aquella criatura, esperando que en algún movimiento sobre el escenario posara sus ojos en Ramón, y quedará tan cautivada como él (sic).