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miércoles, 6 de mayo de 2009

Encuentro

Me encontré con Julio Ramón en un café cercano a la plaza San Martín. El pidió un expreso (le echó algunas cucharadas de azúcar) y yo un americano (conversamos sobre la terrible manía de los gringos por ponerle su marca a todo). Luego salimos a conseguir cigarrillos. Lo insté a recorrer el Boulevard de Quilca, pero su desesperación por tabaco me infundió gran incertidumbre. Caminamos algunas cuadras buscando algún vendedor; mientras, conversábamos sobre la necesidad de una literatura propia. "Autores como Arguedas y Ciro Alegría demostraron que podemos encontrar un camino hacia nuestra propia conciencia, encontrar una identidad". Le sugerí que adhiera a esa lista su nombre. "Yo soy hechura de varios autores, de varios cuentos; mi vida está transcrita bajo esa lupa".
Una jovial señora nos brindó cigarros. Él, Malboro (me hizo acordar el juego de palabras), yo, un Lucky Strike (me comentó que a su edad ya no tenía esa manía de probar nuevas marcas de cigarrillos sino deleitarse con aquellos que lo acompañaron en su pasado). De a poco lo fui llevando a Quilca.
Compró un par (nuevos cuentistas peruanos). Yo compré uno que me recomendó: El péndulo (Umberto Eco); "como para no dejar de leer a Eco, hasta sus libros de semiótica", me dijo. Volvimos nuestros pasos hacia la plaza San Martín; se despidió acomodándose el bigote ralo, algo crecido y sin cortes. "La próxima trae tus cuentos para decirte si tienes que soltar las ataduras y vivir del hedonismo."
Aquella tarde llevaba una camisa a cuadros, un pantalón de vestir crema y unos zapatos brillantes y negros. El poco cabello se movía al ritmo del viento gélido que sacudía Lima en esos meses de mayo. Prendió otro cigarro y dobló la esquina.

jueves, 28 de agosto de 2008

28 de Agosto

He comenzado a leer Los detectives salvajes de Bolaño, chileno, premio Rómulo Gallegos 1999, muerto. Dejé Corazón de E. de Amicis ante la, si se puede decir, decepción de las letras de aquellas épocas. Apenas y puedo leer narraciones del 50 para abajo sin dejar de mirar la ventana que me muestra relatos más interesantes. Me he dado cuenta que soy un hombre vanguardista, que no digiero los relatos en habla vetusta; apenas y leí a Valdelomar (que felizmente este hombre escribió con gran visión, para las futuras generaciones), así que mis grandes maestros no bajan de este año: Ribeyro, Borges y Cortázar, sin cerrar esta lista, pues me falta harto pan por rebanar.

Y hay algunos hijos de puta que ponen en este saco a Bolaño. ¿Cómo se les ocurre? Me leí hace algunos meses un libro de cuentos y el estómago casi se me abre. Compararlo con estos grandes del cuento... Así a quién no se le quitan las ganas de escribir. La novela está interesante y la comencé a leer llegando a la universidad.

Es un tremendo libro que hace más pesada la mochila. Pero las clases ya comienzan y descansará tranquilo. No hay novedad. Sigue lloviendo en Lima y espero que no se acabé como un buen sueño y nos dure por siempre. Para finalizar, hoy no vi a Leticia, tendré que incrustar mucho más la daga en el pecho, mientras el cumpleaños de mi padre, y un par de lecturas para la clase de Seminario me hacen olvidar...
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De regreso a casa... realvisceralismo y Shine On You Crazy Diamond completa la faena...