jueves, 1 de abril de 2010

Sobre otros epílogos sin silencios

Ahora entre días sin fluctuaciones y miradas que ya no encandilan como antes, he tomado la iniciativa de mi mundo. Un silencio más: Los escritores no impulsan su mundo, sino el mundo que quisieran para ellos, la vida que nunca tuvieron, las historias que rezarían por tener. Mi mundo no es más que una serie de planos expuestos por mi pasado, mi presente, mi inconsciente, mi indiferente futuro. ¿Quién quiere participar de este mundo de maravillas y frialdad ficticia?

Para una sociología de bolsillo

Un plato de arroz chaufa aparece en la mesa y no tengo más dudas que tengo hambre. Todos y todas comen -o miran sus platos en otras mesas dentro del Chifa, ese de los tantos en el centro de Amil. Advierto que el síntoma de hambre es un movimiento que encausa un sentimiento más profundo: Dónde comemos interfiere en la manera como nos construimos -o creemos construirnos y darnos a conocer. Igual lo que pedimos o cómo lo pedimos, con quienes los pedimos. Cada actividad espontanea y cotidiana tiene muestras de lo que somos y deseamos ser.

Yo sigo mirando el plato, pero de reojo veo a los demás comer sus platos. Yo sólo tengo hambre, pero también deseo ser de esos sociólogos que se sorprenden, como los filósofos, por situaciones que un adminitrador del club nacional, un vendedor de manies y habas, o un transeunte solitario pasaría por alto. Es que la sociología de bolsillo trata de eso: encontrar algo donde no hay, aparentar ser interesantes donde no lo somos.

martes, 30 de marzo de 2010

Epílogos a un silencio.

Hoy he confiado en la extrema necesidad de escribir para descifrar algunos demonios que guardo en mi cabeza y en mis dedos, que no fluyen como deberían en los pedales de mi consciencia (que en este tiempo son las teclas). Traté de indagar en el motor que me lanza a escribir y a las miles de maneras y caminos en los cuales me desenvuelvo como pseduo escritor, escritor inicial, intento de modelo, atento contra mi esceptisimo, etc. etc. Como diría Cortázar en algún sueños húmedo: los que escribimos tenemos esa sensibilidad de la realidad que se prensenta como quiere ser. ¿Soy acaso el indicado para la mostrar la realidad que se muestra?

Sólo he llegado a la imposible solución que no. Quién soy yo para mostrar un algo que ni siquiera yo puedo ver ni sentir ni explicar ni tocar ni expresar. La realidad que tengo en los ojos es muy distinta a la que podría tener mi hermano o la mujer que vive de lo material y de la mentira que es la felicidad. Si se escribe es para dar a conocer una realidad particular, que muchas veces escapa de otras mirada y que, hermosa lógica!, complementan nuestros sentidos y formas de ver el mundo.

Ahora la pregunta: ¿Es importante dar a conocer la mirada que tanto busco encontrar y transmitir? La importancia radica en el necesidad de que miles de cabezas puedan estar de acuerdo con tu particularidad y emocionarse con ella. Mi mirada aún esta en formación... y creo que por ahí hay dos o tres que podrían entenderme.

domingo, 28 de marzo de 2010

Poemetría: Otros días

Soy de esos días que canciones tristen me ayudan a llevar el peso que tengo metido en los bolsillos del pantalón. Es de esos días que presionan, desde el cielo, y que calientan, del el suelo, y no dejan de joder y joder, en un danzar continuo, en un eterno momento de vueltas y disoluciones, de lecciones y olvidos.

Era uno de esos días que sonreía con cada movimiento de tus labios, de cada mirada atenta que me dabas. Fui uno de esos días que te sentía tan cerca que danzabas junto a mí al caminar libre. Ya no soy de esos días que tú y yo era igual a yo y tú, o que dos más dos no era más que nosotros rondando bajo las viejas calles que pretendían ser otoñales.

Y ahora no soy más de esos días que extraño un momento de tu integridad, un segundo de tu atención, un soplo de tu existencia.