viernes, 17 de junio de 2011

Redada

Era imposible compare. No podía salir de ese maldito cuarto. Y quería gritar pero tenía sus dedos metidos en mi boca y me gritaba ¡chúpalos! y yo estaba carpa, primo. Nunca había gozado tanto una salvajada como ésa; la tenía encima y no se dejaba de mover, ya me venía. Era una trigueñita de pelos oscuros, lacios. Brillaban huevón, brillanban con las luces que se metían por la ventana; a pesar de que era de noche y no veía bien tu rostro, su cabello iluminaba la habitación.

Puta pero tenía que irse a la mierda todo, chicho. Estaba tirando de lo más rico, cuando entre sus gemidos distingo los gritos de mi mujer. Eran parecidos, idénticos. Un gruñido sexual que me excitaba jodidamente. Estaba a punto de eyacular, de cogerla en el punto plano e invisible, donde no se conce nada, donde nos cagamos hasta el punto de perder el pensamiento. Justo, justo en ese momento, los gruñidos se convierten maullidos. Carajo, dije, que mierda pasa acá?

De ahí todo fue una mierda.

La perra comenzó a arañarme, sus jodidos bigotes me daban en la cara y se metían en mis ojos. Una pelusa jodida se me formó en la garganta y ya no pude respirar. Con la cara arañada solo pude ver a mi mujer abalanzarse sobre mí y mandarme a la reverenda puta.

Y acá estamos compare... esta chela está riquísima. Y cachar con una gata también. Salud!

2 comentarios:

Robert dijo...

de ptm...esta vez me has logrado cautivar

Samith Farach Vela dijo...

Se agradece, compare!